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viernes, 10 de febrero de 2012

Ante el discurso de la Sra. Presidente en el acto de firma del decreto de desclasificación del Informe Rattenbach el día 7 de febrero de 2012

Ante el discurso de la Sra. Presidente en el acto de firma del decreto de desclasificación del Informe Rattenbach el día 7 de febrero de 2012
por
Horacio Micucci* y Eduardo Mariano Lualdi**
9 de febrero de 2012

“Llevar la empresa de la reconquista del 2 de abril hasta sus últimas consecuencias, o llevar la rendición del 14 de junio hasta sus últimas consecuencias”.
Dr. Adolfo Silenzi de Stagni - 1983


El día 7 de febrero del corriente la Sra. Presidente Dr. Cristina Fernández de Kirchner dio en su discurso, una serie de definiciones sobre la Cuestión Malvinas que, a nuestro juicio, merecen algunas consideraciones.
1.- Hemos expresado en más de una oportunidad, nuestra caracterización y opiniones sobre la justa Recuperación de nuestras Malvinas el 2 de abril de 1982, acerca de las referencias presidenciales sobre el Informa Rattenbach y sobre el discurso de la Sra. Presidente el 25 de enero de 2012. Para no reiterarlas agregamos, en archivos adjuntos, los documentos y  artículos principales en los que se expresan nuestras concepciones al respecto y a ellos nos remitimos. Estos son:
a.          Documento La Cuestión Malvinas, una realidad vigente – Instituto de Estudios Nacionales del Foro Patriótico y Nacional. Diciembre de 2011.
b.          Apenas una reflexión sobre un discurso de la Dra. Fernández de Kirchner (I y II)– Eduardo Lualdi. Enero de 2012
c.          El Informe Rattenbach, el discurso de la Sra. Presidente y la desmalvinización. Horacio Micucci. Enero de 2012.

En estos trabajos nos hemos extendido acerca de los fundamentos de nuestra caracterización de la Cuestión Malvinas como:
                                I.      una causa justa,
                              II.      una guerra justa, y
                            III.      un derecho inclaudicable.
También hemos expresado que la lectura del llamado Informe Rattenbach debe hacerse a partir de los tres puntos mencionados.
2.- En el discurso de la Sra. Presidente del 7 de febrero del corriente, se expresa el carácter colonial de la ocupación inglesa de nuestras Malvinas. Coincidimos con esto, que fue reconocido por la Resolución 1514 de la ONU. Hemos manifestado más de una vez acerca de los derechos que nos asisten y que dicho carácter colonial fue reconocido por el propio usurpador inglés que, no obstante, intenta transformar dicha ocupación de una parte de nuestro territorio en un derecho a la autodeterminación de los kelpers para crear artificialmente -si la situación se le presentara favorable para ese objetivo-, un país satélite inglés. Hemos expresado más de una vez que debe presentarse el caso no sólo en el Comité de Descolonización de la ONU sino en la Asamblea General para su votación como se hizo hasta 1989, exitosamente.
3.- La Sra. Presidente sostuvo que se están depredando nuestros recursos naturales, pesca y petróleo, sin ningún tipo de control ambiental. Coincidimos con ello, aunque nos preocupa la frase “sin ningún tipo de control ambiental” que podría dejar entender que si esto no ocurriera, la depredación de lo que es nuestro no sería tan criticable. Reafirmamos que nuestra independencia completa sólo se logrará con nuestra integración territorial completa que incluye el pleno usufructo argentino de nuestras riquezas. Coincidimos en la denuncia de la rapiña colonialista imperialista de los recursos naturales de nuestros pueblos. Todo lo anterior hace que la Causa Malvinas sea una trinchera de la lucha de los pueblos, países y naciones oprimidas contra el colonialismo y la opresión de las potencias imperiales.
4.-  La Sra. Presidente ha manifestado que la Cuestión Malvinas es también una causa regional y global porque el Reino Unido de Gran Bretaña está militarizando el Atlántico Sur.
En rigor, la militarización del área se consolidó con el establecimiento de la base militar de Mount Pleasant luego de la Batalla por Malvinas, siendo esta la mayor base militar extranjera en Suramérica. Esta circunstancia ha sido subestimada por los sucesivos gobiernos argentinos a tal punto que, con autorización de la Dra. Nilda Garré durante su gestión en el ministerio de Defensa, el magnate y terrateniente inglés Joseph Lewis, estableció un aeropuerto del tamaño del Jorge Newbery de la Ciudad de Buenos Aires a la altura del paralelo 42 en el que a solo dos horas podrían aterrizar aviones de gran porte como los que utiliza la OTAN, desde la base inglesa en nuestras Malvinas y cortar el territorio continental en dos. Es cierto que dicha militarización se ha incrementado mediante la modernización del armamento aéreo, naval y terrestre de parte del usurpador británico. Ese incremento de la militarización es demostrativo del despliegue por parte del Reino Unido, de un dispositivo estratégico de control de la confluencia Atlántico-Pacífico. Hemos señalado en sucesivos documentos, que Malvinas tiene para las distintas potencias un carácter estratégico militar fundamental. Ese carácter estratégico militar fundamental presente en la actualidad, también lo estaba en 1982, lo que fue gravemente subestimado por quienes creyeron entonces que EE.UU. podría apoyar a Argentina. El “Documento Santa Fe IV”, de los equipos asesores de Bush padre e hijo, revaloriza el pasaje interoceánico entre el cono sur argentino y chileno y el Sector Antártico argentino y chileno, ante la obsolescencia del Canal de Panamá. Esta militarización se ve incrementada por el proyecto de construcción de un aeropuerto en la Isla Santa Helena para abastecer Malvinas y la revitalización de la Isla Ascensión. Diego García, Ascensión, Santa Helena y Malvinas son eslabones del dispositivo estratégico militar del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y de su integración en la Alianza militar de la OTAN. Las crisis económicas de la envergadura de la que vivimos siempre reactivan los preparativos y peligros de guerra y eso debe ser tenido en cuenta porque en esas circunstancias nuestro país puede ser terreno de disputa interimperial y campo de batalla consecuente, que puede hacer a los argentinos y sus territorios, victimas de dichas agresiones y disputas.
5.- Respecto a la indicada militarización del área Atlántico Sur, es preciso recalcar que nos oponemos a toda militarización de cualquiera de las potencias imperialistas. La oposición a la militarización de las potencias imperialistas es una causa de los pueblos, países y naciones oprimidas que sufren dicha militarización. Sin embargo, la denuncia de la militarización colonialista imperialista no significa que debamos abandonar los planes necesarios de Defensa Nacional, fundamentales para proteger nuestra soberanía de toda agresión imperial colonialista, mientras esta exista como hipótesis de conflicto.
La Defensa Nacional, debería resumir lo mejor de la experiencia militar libertadora de la Argentina y de las demás naciones del continente americano (incluida la de la Guerra Nacional de Malvinas), para desarrollar una verdadera Defensa Nacional, Patriótica, Popular e Integral que incluya el concepto de ejército ciudadano surgido en 1806 y 1807, cuando el pueblo de Buenos Aires enfrentó y derrotó la invasión inglesa; junto a esto el desarrollo de fabricaciones militares e industrial-agrícola consecuente. La Defensa Nacional así concebida, es una necesidad para proteger un Proyecto de Argentina Independiente. La propuesta de una verdadera Defensa Nacional para una Argentina independiente, es una carencia de este gobierno y de los anteriores, incluida, obviamente, la propia Dictadura.
La Sra. Presidente ha dicho que esta es “una región donde la paz impera, donde hemos tenido conflictos y no hemos necesitado de la mediación de ningún organismo internacional, los hemos resuelto entre los propios suramericanos”. Debiera aclarar la Sra. Presidente que esto último se aplica a países hermanos perteneciente a pueblos, países y naciones oprimidas, como la nuestra, y no a la prepotencia y la rapiña de distintas potencias (en el caso Malvinas por Inglaterra y su aliado estratégico los EE.UU.).
6.- Los expresado en los puntos anteriores tiene efectos prácticos. Si la lucha contra la militarización imperialista no se toma como un derecho de los países oprimidos (y se lo “globaliza” incluyendo a los opresores, a los que sólo les preocupa la militarización de sus rivales) el resultado es:
a.          Que las Fuerzas Armadas se transformen en una Guardia Nacional interna (como impulsa el gobierno nacional para Gendarmería y Prefectura retirándolas de sus funciones de fuerzas de frontera) retrotrayéndonos a la Teoría de la Seguridad Interior para la cual el enemigo se manifiesta en todo reclamo popular y patriótico, reclamo que es tomado como efectiva hipótesis de conflicto, dejando la defensa nacional en manos de potencias extranjeras y convirtiéndonos en un verdadero “protectorado” con independencia formal o parcial, de los cuales hay ejemplos en el mundo. La “Ley antiterrorista” impulsada por la Dra. Fernández de Kirchner a pedido de EE.UU., el Reino Unido y otras potencias imperiales a través del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), y votada a libro cerrado por sus Diputados y Senadores, es una clara e indudable muestra de esto que definimos líneas arriba.
b.         Que lo anterior será coherente con la intención manifestada por la Sra. Presidente de someter al Consejo de Seguridad de la ONU la denuncia de dicha militarización. Esto es de extrema gravedad. Ese Consejo de Seguridad está integrado y controlado por las cinco potencias con derecho a veto: EE.UU., China, Rusia, Francia e Inglaterra. Esta última, precisamente, es la potencia agresora que usurpa nuestras Malvinas. La presencia de Colombia y Guatemala como miembros rotativos no tiene significación allí. Expresa, acertadamente,  Juan Gabriel Tokatlian en La Nación del 09-02-2012: La mayoría de los países evita llevar su caso (una crisis interna derivada de un conflicto armado, una disputa territorial, una pugna ideológica con una superpotencia, una amenaza derivada de fenómenos como el narcotráfico) al Consejo pues es sabido que una vez se introduce un caso, el país afectado pierde control sobre los acontecimientos y se impone la dinámica del juego estratégico de las cinco naciones con poder de veto”.
7.-  Una de las manifestaciones más graves del discurso presidencial, con la cual discrepamos totalmente, es su repudio a la reconquista patriótica de las Islas Malvinas de manos del usurpador británico el 2 de abril de 1982, por considerarla una medida dictatorial más. Sin embargo, el 2 de Abril del 2011 la Sra. Presidente calificó la recuperación de las Islas Malvinas como un “hecho patriótico” y no como “una cobarde agresión”, como había dicho el Dr. Néstor Kirchner al diario inglés The Guardian; y en consecuencia y posteriormente, produjo hechos diplomáticos positivos, como fue el acuerdo de los países del Mercosur y otros de América Latina, de no permitir el amarre de barcos con la bandera Kelper, entre otros.
Sin embargo en su discurso del 25 de enero de 2012, la Sra. Presidente volvió a referirse a la recuperación de Malvinas como “hechos que fueron protagonizados por la dictadura”, e ignorando que fue el Reino Unido de Gran Bretaña el que impuso a la Argentina una guerra colonial, una guerra de conquista, dijo que se trató de “una guerra suicida para chicos que no estaban preparados”. Asimismo “tranquilizó” a las empresas inglesas existentes en la Argentina, y reivindicó que en los 8 años de gobierno kirchnerista, capitales ingleses “compraron” 18 empresas argentinas. Además, se comprometió a que Argentina nunca recurrirá a la recuperación militar de su territorio colonizado.
En el discurso del 7 de febrero, reafirmó dicha concepción y fue más allá cuando comparó el casi unánime apoyo popular nacional –y debe destacarse latinoamericano- a la causa y la guerra de recuperación de Malvinas, con la manifestación convocada, entre otros, por el locutor deportivo José María Muñoz y la propia Dictadura con la consigna “somos derechos y humanos”, para desviar una gran manifestación popular producto de que el seleccionado juvenil de futbol Sub-20 había obtenido el título mundial en Tokio, Japón; para llevarla contra la denuncia de la violación de los derechos humanos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que visitaba el país. Denota aquí, la Sra. Presidente, una profunda incomprensión y desprecio por los sentimientos antiimperialistas y anticolonialistas de los pueblos latinoamericanos que supieron rápidamente comprender los cambios en la situación.
No dudamos que la Dictadura “pensó” la recuperación de Malvinas para su usufructo político, para frenar el desarrollo de la oposición patriótica, popular y democrática que se desplegaba entonces, por la crisis económica que golpeaba al conjunto de los sectores productivos de la Nación y que hacia tambalear al autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional", y por el fracaso del intento de la guerra fratricida contra el pueblo hermano de Chile. Pero distintos acontecimientos que ni el “Proceso” ni el colonialismo británico tuvieron en sus previsiones y por los que fueron sorprendidos, fueron: la gigantesca movilización popular fronteras adentro, el impresionante apoyo latinoamericano y del entonces Tercer Mundo, y el heroísmo de civiles voluntarios, soldados, suboficiales y oficiales patriotas, que colocaron al borde del fracaso a la fuerza inglesa recolonizadora, como lo reconoció su propio jefe. Fueron estos hechos los que le dieron el carácter nacional a la Recuperación y la Guerra de Malvinas y transformaron su esencia.
Dice la Sra. Presidente, “El plan original era… izar el pabellón nacional, tomar y luego retirarse, pero precisamente hechos que se produjeron en la sociedad y fundamentalmente (…) los medios de comunicación que convirtieron enseguida como causa masiva esto y con la frase, que muchos de ustedes recordaran de: “ya ganamos” vio o nació en la dictadura la idea de que podía ser entonces una cuestión para quedarse in eternum”. Esto es subestimar a los pueblos argentino y latinoamericanos. Fue, precisamente, esa movilización lo que cambió el sentido de la guerra.
Ese camino de razonamiento la llevará a la Dra. Fernández de Kirchner a agradecer a Margaret Thatcher y Ronald Reagan el retorno al sistema constitucional de elecciones periódicas y promesas incumplidas que impera hoy en la Argentina. Ese razonamiento de la Dra. Fernández de Kirchner libera a los imperialismos de su responsabilidad en la existencia de la Dictadura instaurada el 24 de marzo de 1976, ya que la Dictadura no fue obra de cuatro malvados sino el resultado de una confluencia cívico-militar promovida y apañada por todas las potencias imperialistas, en especial las dos superpotencias entonces existentes, EE.UU. y la URSS.
Reafirmamos nuestra posición de que un tema central en el debate de la “cuestión Malvinas”, es la que se refiere al carácter de la guerra. Este debate, clave para comprender los acontecimientos que se desencadenaron entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, debe ser debidamente atendido para evitar errores irreparables para los intereses de la Nación Argentina. Desde que en el mundo existen países opresores y países oprimidos, países colonialistas y países sometidos, toda guerra que oponga a los primeros contra los segundos, independientemente de quien gobierne estos últimos y de quien haya iniciado las acciones, es una guerra justa.
Toda guerra de cualquier país oprimido contra un país opresor, independientemente de quien la inicie, de quienes sean los gobernantes del país oprimido y del opresor e, inclusive, del motivo o la causa por la cual pelea el país oprimido, es una guerra justa. La cuestión fundamental para definir el carácter de la guerra no es quién la empieza, ni quien la conduzca. Por eso la guerra por la Recuperación de nuestros territorios ocupados por Inglaterra es justa, así como hoy es justa la guerra contra la ocupación de EE.UU. en Irak y Afganistán, independientemente de los juicios de valor que puedan hacerse respecto a Sadam Husein o los Talibanes. La guerra por la Recuperación de nuestros territorios ocupados por Inglaterra es justa para los argentinos y, conviene aclararlo, no hay argumentos ni subterfugios legales o políticos que justifiquen y hagan justa para los ingleses la agresión contra los argentinos.
8.- Ya hace tiempo el Dr. Adolfo Silenzi de Stagni, insigne patriota y demócrata, prestigioso defensor del petróleo argentino con posiciones continuadoras de las del General Mosconi y opositor a la reiniciación de las relaciones diplomáticas y comerciales con Gran Bretaña y a lo que hoy llamamos desmalvinización, decía: “Son muchos los que desean cubrir con un manto de olvido y de silencio lo acontecido entre el 2 de abril y el 14 de junio.” (...) “Es evidente que, en estos momentos hay un enfrentamiento ético e ideológico sobre el camino que debe seguir la Argentina: Llevar la empresa de la reconquista del 2 de abril hasta sus últimas consecuencias, o llevar la rendición del 14 de junio hasta sus últimas consecuencias.”.
La Sra. Presidente fija su posición ante la disyuntiva planteada por el Dr. Silenzi de Stagni cuando dice: “Esta Presidenta no fue a la plaza de su pueblo, en Río Gallegos, el 2 de mayo, cuando sí fueron muchos habitantes de mi ciudad; sí estuve en esta Plaza de Mayo el 14 de junio, accidentalmente estaba en Buenos Aires y concurrí, junto a miles de argentinos a expresar nuestro repudio por lo que pasaba. Hago esta leve digresión para evitar confusiones, malos entendidos, malas interpretaciones y peores analogías”. Ese 14 de junio de 1982, lloró el pueblo la derrota nacional a manos del colonialismo británico, y expresó su repudio a la incapacidad de quienes condujeron la guerra, al camino de derrota encarado y la incapacidad de la dictadura para conducir una causa nacional por su política antinacional y antipopular, pero no porque considerara a la guerra como una cobarde agresión a uno de los enemigos que el pueblo argentino tiene claramente identificado: el colonialismo británico.
Desde el punto de vista del factor político, la política de la dictadura fue confiar en uno u otro imperialismo. Se esperó la neutralidad de EE.UU., se confió en el veto soviético y/o chino en el Consejo de Seguridad de la ONU. Pero los EE.UU. tenían (y tienen) una alianza estratégica con el Reino Unido de Gran Bretaña, la URSS era una superpotencia imperialista que disputaba el dominio mundial con EE.UU., y China emergía como una nueva potencia imperial de espaldas a las necesidades e intereses de los pueblos y naciones del entonces llamado Tercer mundo. Había que desnudar la hipocresía de Gran Bretaña que se planteó ocultar su agresión bajo la fachada de atacar a la dictadura, ocultando que la dictadura precisamente había derrocado a un gobierno constitucional por orden de las potencias imperialistas bajo cuyo influjo actuaba. Además, los miles de civiles, soldados, suboficiales y oficiales patriotas que querían combatir y combatieron heroicamente con honrosos ejemplos, tuvieron que enfrentar a los funcionarios  civiles y/o militares de la Dictadura subordinados a distintos imperialismos que trabajaron abiertamente para la derrota, o que impulsaban una estrategia militar que llevaba a la misma. Debe mencionarse aquí a los sectores civiles y militares que formalmente no pertenecían al “Proceso”, y que también trabajaron abiertamente para la derrota argentina y que se reunían asiduamente en la Embajada de EE.UU. “planificando la posguerra” mientras la sangre de nuestros hombres de armas regaba la turba malvinera.
Desde el punto de vista continental había que hacer de las Malvinas una reivindicación de los latinoamericanos, porque controladas por la Argentina significaba que el Atlántico Sur podía convertirse en una vía de conexión del Tercer Mundo y de Latinoamérica. Había que demostrar que las Malvinas, las Georgias y Sándwich del Sur eran una clave para hacer del Atlántico Sur un lago latinoamericano y un puente de unidad con África.
Desde el punto de vista militar implicaba encarar una guerra “en todo tiempo y en todo lugar”, como la definió el My. (R) Dn. Jorge Manuel Vizoso Posse (en su discurso por el 25 aniversario de la reconquista patriótica de las Islas Malvinas el 2 de abril de 2007), una guerra que recogiera la experiencia histórica de 1806 y 1807, como expresó el Tte. Cnel. (R) Dn. Adolfo Cesar Philippeaux en su último discurso del 12 de agosto de 2004 con motivo del 198 aniversario de la Reconquista de Buenos Aires, cuando el pueblo se constituyó en ejército ciudadano y sentó las bases de los nuevos ejércitos libertadores.
Después de la derrota de EE.UU. en Vietnam, las potencias imperialistas procuraron desarrollar guerras de agresión rápidas y cortas, para evitar el empantanamiento. Así lo hicieron en el largo camino que fue de Malvinas a Irak y Afganistán. Pero volvieron a fracasar y el fantasma del “empantanamiento” surge nuevamente en nuestros días. Es que los pueblos, países y naciones oprimidas solo pueden triunfar en guerras de una amplia base popular, y utilizando a su favor el desgaste a través del tiempo. Así fue en nuestra larga guerra de la Independencia en el siglo XIX, en Vietnam, en Irak y Afganistán. Pero este factor militar está ligado al factor político.
Ligado a lo político y militar está el factor económico. No se puede triunfar en una guerra cuando se está alimentando financieramente al enemigo al pagarle la deuda externa y con sus empresas mandando sus ganancias a Londres. Hasta la Comisión Rattenbach, a la cual se ha referido la Dra. Fernández de Kirchner en su discurso del 25 de enero, criticó esta circunstancia. Pero esta política de pago de la deuda externa ilegítima, usuraria y fraudulenta, por ejemplo, sigue hasta la actualidad. Sin abundar en menciones a la política de entrega del patrimonio nacional que el Dr. Néstor Kirchner y la Dra. Fernández de Kirchner implementaron e implementan y tienen en la mega minería saquedora y contaminante uno de los ejemplos más cristalinos.
Respecto al factor recursos humanos, se ha hablado mucho de la tecnología subestimando al hombre y sobreestimando las armas. El problema no era la superioridad tecnológica sino que muchos de los hombres que estaban mejor entrenados, y de las armas más útiles, fueron dejados en el continente por las concepciones y la actitud política de la cúpula militar.
Todo esto lo podemos y debemos debatir. Nosotros tenemos y hemos difundido nuestras posiciones. Ya que la Sra. Presidente dispone difundir el Informe Rattenbach oficialmente, podemos considerar estas cuestiones, pero a condición de partir de los tres puntos mencionados más arriba. La Cuestión Malvinas es:
                                I.      una causa justa,
                              II.      una guerra justa y
                            III.      un derecho inclaudicable.
Y, además, considerar si los gobiernos postdictatoriales, incluido el presente, han tomado medidas en el sentido indicado por dicho informe y para solucionar las falencias.
9.- Cuando China exigía a Inglaterra la devolución de Hong Kong, ante la pregunta de si iba a encarar una solución militar, la respuesta era: “no debe descartarse”. Es que es de la teoría básica de toda negociación diplomática que se debe poner al adversario frente a alternativas que lo compliquen. A toda negociación diplomática va unido un factor de disuasión para el adversario.
Comprendemos que, tal como ha dicho la Sra. Nilda Garré cuando era ministro de Defensa, carecemos de balas para combatir más de dos horas. Y, entre otras cosas, gracias la imprudencia de esas declaraciones, el enemigo lo sabe.
No hacemos propuestas descabelladas o suicidas. Pero es posible negociar desde posiciones de fuerza.  O mejor dicho, obligar al colonialismo británico a negociar desde posiciones de fuerza, ya que no manifiesta ninguna intención de hacerlo.
Se podría, por ejemplo y de inicio, denunciar los Acuerdos de Madrid, derogar la Ley de Garantía a las Inversiones británicas (el FPV tiene mayoría propia en ambas Cámaras), suspender todo pago de la deuda externa a ese país y expropiar las tierras de Lewis y nacionalizar las acciones de Panamerican, e ir avanzando en la medida en que convenga. Hemos difundido en nuestros documentos un núcleo de propuestas al respecto.
10.- En realidad, el discurso de la Sra. Presidente, es negativo para la Causa Malvinas.
Una muestra a favor de nuestra tesis de negociar desde posiciones de fuerza es que el resultado del discurso del 7 de febrero fue el de tranquilizar a los kelpers y al gobierno británico que incluso esperaban un bloqueo aéreo. Por lo tanto las posibilidades de diálogo se alejan.
Repetimos, continuar con esta situación de “paraguas de soberanía” favorece a los ingleses.
La causa de Malvinas es una causa nacional que deben levantar todos los patriotas y demócratas, parte de la inclaudicable causa de la Independencia de la Patria y de la Soberanía del Pueblo.
En este Trigésimo Aniversario cada ciudad, cada pueblo y cada corazón argentino deben ser un bastión para la recuperación de nuestros territorios ocupados por el colonialismo inglés. La sangre de los héroes patriotas caídos en Malvinas nos compromete y nos lo reclama.
La Independencia Nacional completa sólo será posible con nuestra Integridad Territorial completa.
Haciendo realidad lo que reza el Acta de nuestra Independencia:
“Independientes de toda dominación extranjera.”

* Coordinador del Instituto de Estudios Nacionales
** Coordinador Nacional del Foro Patriótico y Popular

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